Luke Perry murió a los 52 años, cinco días después de sufrir un accidente cerebrovascular isquémico masivo en febrero de 2019. Su caso recordó que los ictus no afectan únicamente a personas mayores y que factores como la hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad y colesterol elevado pueden aumentar el riesgo.
Años después, investigadores de la Universidad de Queensland encontraron en el veneno de una araña de tela de embudo de Australia una proteína llamada Hi1a, capaz de bloquear un mecanismo relacionado con la muerte de neuronas cuando el cerebro pierde oxígeno. En pruebas con ratas, la molécula redujo cerca de 65% el daño cerebral incluso cuando fue administrada ocho horas después del ictus.
El hallazgo avanzó hacia una posible terapia con IB409, una versión desarrollada para uso farmacológico. En enero de 2026 comenzó un ensayo clínico de fase 1 en humanos para evaluar su seguridad, tolerabilidad y comportamiento en el organismo, por lo que todavía no puede considerarse un tratamiento disponible para pacientes con ictus.






